Corredor Diagonal al Pico Maldito (AD+, 350m), Aguja Schmidt-Endell (3.335m), Pico Maldito (3.354m) and Punta Astorg (3.354m) from Refugio de Pescadores (1.972m)

Total Time 12 hours 35 minutes
Distance 11,97 km
Maximum Elevation 3.359 m
Minimum Elevation 1.970 m
Total Ascent 1.527 m
Total Descent 1.455 m
Regions Parque Natural de Posets-MaladetaHuescaAragónEspaña

Un pensamiento que aliviaba en cierta medida las tres horas largas de coche que teníamos por delante era que con un poco de suerte tal vez podríamos encontrar la pista limpia y llegar hasta la misma puerta del Refugio de Pescadores sin andar un metro. El Macizo del Aneto es un pequeño paraíso que nos queda un poco lejos, aunque como se suele decir, sarna con gusto no pica.

Pero no todo es de color de rosa, y a poco de un kilómetro de llegar al refugio después de circular durante unos siete más con mucho cuidado por una pista que en su tramo final todavía estaba algo sucia de nieve, encallamos el coche en un barrizal junto a un riachuelo y no fuimos capaces de sacarlo. Y mira que echamos ramitas y alguna que otra piedra bajo la rueda, y que empujamos y empujamos.

Así que sacamos todos los trastos del coche y anduvimos ese kilómetro para encontrarnos con David y Jaume, que ya llevaban unas horas en el refugio y que habían sido listos y habían dejado el coche algo antes que el nuestro. Y como todavía era de día y teníamos algo de tiempo, decidimos bajar a sacar entre todos el coche de mitad de la pista. Y menos mal, ya que tampoco pudimos por nuestros medios y tuvimos que bajar algo más a pedir una cinta (de las de escalar) para poder remolcar el coche. Y así salió. Una maravilla lo que aguantan esas cintas, por cierto.

Después volvimos a la comodidad del refugio (y no es broma, ya que está bastante bien cuidado a pesar de su fácil acceso) y cenamos, bebimos vino y charlamos hasta bastante tarde antes de echarnos a dormir en el saco para levantarnos unas horas después, de madrugada.

Tras un tranquilo desayuno comenzamos a andar sobre las 5:15, en una noche totalmente oscura. Una pista sale del refugio en la misma dirección que la que llega hasta allí sin ganar mucha altura, convirtiéndose poco a poco en sendero que durante mucho rato se deja transitar con comodidad paralelo a un riachuelo, empinándose por momentos.

Es lo que tiene la noche, que entre el tiempo que uno tarda en espabilarse mientras la oscuridad sigue envolviéndolo todo, como por arte de magia comienza a amanecer y de repente el valle ya queda allí lejos, ya muy abajo.

Los Ibones de Coronas estaban totalmente cubiertos de nieve. Mientras íbamos ganando altura el manto blanco lo fue inundando todo, prácticamente tras dejar atrás el sendero. Enfrente comenzó a distinguirse a la derecha el Aneto y su Corredor Estasen, blanco, ancho y bien definido, y hacia la izquierda la larga arista que a la altura del Pico Maldito gira bruscamente hacia el Suroeste y que se deja atravesar por la Collada de Cregüeña, que es hacia donde nos dirigíamos.

El día estaba comenzando tranquilo y soleado, pero a primeras horas de la mañana todavía hacía frío, incluso con los primeros rayos de sol. Así que sabíamos que al menos en los primeros largos del corredor, que quedan a la sombra, íbamos a pasar algo de frío.

Desde la Collada de Cregüeña cambiamos de circo para entrar en los dominios del enorme Ibón de Cregüeña, que también estaba cubierto de nieve. Esta parte estaba totalmente en sombra, distinguiéndose ya enfrente el corredor. Y debo decir que desde el ángulo del collado tiene un aspecto muy apetecible y aparentemente sencillo, disfrutón, nada intimidatorio, una sensación totalmente contraria a la que proporcionan otros corredores a primera vista.

Después de una larga travesía en la que prácticamente no se gana ni pierde altura y que resultó muy incómoda –sobre todo en su parte final por lo inclinado del terreno y la dureza de la nieve– llegamos a la base del corredor. De nuevo, mirando hacia arriba daba la sensación de que los largos de roca iban a ser disfrutones, ya que la pared está repleta de gradas.

David y Jaume llegaron unos minutos antes, así que subieron primero. Una pequeña repisa permite prepararse con relativa comodidad para comenzar una bonita escalada escalonada de unos 30 metros que en su parte central tiene su mayor dificultad pero que en general no presenta inconvenientes. Algo más arriba unos inconfundibles cordinos permiten montar una primera reunión.

El segundo tramo también es de escalada, y discurre primero unos metros en horizontal para acercarse a una chimenea que es ligeramente más complicada que el primer tramo en un par de puntos pero que sigue siendo sencilla y divertida, y no demasiado expuesta. Este tramo culmina al salir de la chimenea, en una pequeña repisa en la que se puede montar una reunión en un bloque de roca tras un extraño paso que hay que realizar medio a caballo. Ahí Alfredo se rompió algún ligamento de un gemelo y pensé que nos tendríamos que bajar, pero continuó el resto del día sin quejarse como un campeón.

El tercer tramo es una travesía diagonal que realizamos medio andando, de muy poca dificultad pero algo expuesta al final, que permite introducirse en el ancho tubo que representa el corredor propiamente dicho. Al final de este tramo concluye la escalada y comienza una larga ascensión por nieve que en su parte más inclinada no llega a tener más de 50 grados, por lo que se sube sin ninguna complicación. Tal vez la parte más aburrida, aunque el conjunto no lo es para nada.

Este ancho tubo desemboca en una arista desde la que se divisa enfrente la Aguja Schmidt-Endell, a la que sólo se puede llegar tras superar una tercera parte que se compone de otra travesía diagonal y muy expuesta y un último tramo de corredor más estrecho y algo más empinado. La verdad es que desde la salida del tubo es una visión que impresiona y emociona a partes iguales, pero que una vez en faena emociona más que impresiona.

Curiosamente Alfredo iba aguantando muy bien la subida, pese a tener un gemelo accidentado. Yo iba metiendo friends por aquí y por allá donde me daba la gana, porque una bondad más de este corredor es que la roca tiene grietas para dar y tomar. Es realmente fácil de asegurar. Esta vez había llevado un buen racimo de friends y los usé casi todos (sobre todo los pequeños), y no por necesidad sino por pura comodidad.

Al llegar al final del corredor nos reunimos con David y Jaume, que llevaban ya un rato allí. Desde el pequeño tramo de arista donde concluye se disfrutan unas vistas espectaculares, y a tres zancadas, literalmente, se llega a la Aguja Schmidt-Endell, que sinceramente dudo que pueda tener una prominencia de más de cuatro metros, no digamos ya diez. Incluso dudo que aquello se pueda llamar aguja, pero en fin, estando tan cerca y siendo tan fácil había que subir la piedra para tachar otro tresmil.

En el otro extremo de la arista un rotundo bloque corta el paso, teniendo que rodearse por la izquierda para poder subir a la cima del Pico Maldito. Es un paso de unos cuantos metros, pero está ligeramente expuesto y nosotros encontramos una nieve muy pastosa, por lo que resultó una pequeña guinda envenenada. En cualquier caso, tampoco fue algo tan negativo como para quejarse.

Ya en la cima del Pico Maldito se presenta una cresta ancha que permite avanzar sobre terreno mixto sin ninguna penuria hasta llegar a la Punta Astorg, a escasos cien metros. La verdadera cima de la Punta Astorg son en realidad dos enormes bloques de piedra que sobresalen ligeramente de la arista y que están suspendidos en ella de forma casi irreal, y que nos estuvieron susurrando al oído cual sirenas para que nos encaramáramos a ellas y tonteáramos un poco haciéndonos fotos.

Desde ese punto la cresta se corta bruscamente en una pared para luego continuar hacia el Pico del Medio, que estuvimos barajando si visitar o no para finalmente no hacerlo. Y la razón es que desde la Punta Astorg se realiza un rápel de 60 metros para salir de la arista y bajar al glaciar, por lo que llegar al Pico del Medio queda un poco a desmano (habría que cortar el rápel a media altura y luego reanudarlo). A mí al menos me dio la sensación de no formar parte natural de la actividad, y por otra parte, calculamos que ir y volver podría llevar como mínimo unos 45 minutos y el tiempo estaba empezando a empeorar.

Así que montamos el rápel y descendimos por la divertida pared uno a uno hacia el glaciar, desde donde poquito a poco y en un par de horitas bajamos de regreso al Refugio de Pescadores confluyendo con el camino de subida prácticamente a la altura de los ibones superiores de Coronas, encontrándonos más abajo con una nieve de esas de “mejor me callo” y “señor dame paciencia” durante más rato del que nos hubiera gustado.

De regreso al refugio recogimos todos los bártulos y echamos a andar kilómetro abajo hasta donde teníamos los coches, rompiendo una tremenda tormenta en el mismo momento en que llegamos a ellos. Salvados por los pelos por partida doble, ya que rato después dejó de llover justo antes de que llegáramos a Benasque para celebrar el día con una buena cena y más tertulia en buena compañía (casualidades de la vida, a David y a Jaume les conocimos hace un año subiendo al Posets por el Corredor Jean Arlaud). Dos tíos majos y grandes montañeros.

Sobre el track

El GPS se quedó sin pilas en la cima de la Punta Astorg y no me di cuenta hasta muy pasados los Ibones de Coronas en el descenso, por lo que todo ese tramo no se ha grabado. De todas formas, después del rápel desde la Punta Astorg el descenso es evidente hasta retomar poco a poco el camino de subida.

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